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you disloyal bastard ([info]carstairs) wrote in [info]drunkwithapen,
@ 2012-11-29 18:13:00


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Dead Inside 003 - Max Wylkes & Tammy Henderson

PERSONAJES: Max Wylkes y Tammy Henderson, con menciones a Sheila, Colton, y Moira (hermana de Tammy).
NOTAS: Drabble en tercera persona que transcurre poco más de un año antes del apocalipsis zombie, cuando Max se declara por primera vez a Tammy.
DISCLAIMER: Max Wylkes es un personaje de invención propia mientras que el actor que le pone rostro, Aaron Johnson, pertenece a él mismo ya le quisiera yo para mí. Tammy Henderson es propiedad de Sylvie, quien espero que no me odie mucho por manejar a su personaje, y la actriz que le pone rostro es la guapísima Imogen Poots. Los gifs han sido editados por mí.


— ¡ADRIANA!

Tammy tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no comenzar a maldecir al responsable de aquel grito que había interrumpido la conversación con su mejor amiga Sheila, sobre la próxima fiesta que Colton -el chico más popular del instituto- daría en su casa y a la que había invitado a ambas. Odiaba que la llamaran así, más bien, odiaba que él la llamara así. Primero, porque no era su nombre, y segundo, porque la vez anterior que lo había hecho consiguió que sintiera el mayor ridículo que había experimentado nunca. Ocurrió en los pasillos del instituto a la hora de la salida, cuando mayor cantidad de estudiantes se congregaba allí y claro, todos se habían quedado mirándola. Se preguntaba por qué no le habría estrangulado en aquel momento y así haberse ahorrado el mal trago de tener que recordar esa escena ahora.

Se giró despacio hacia el chico que se encontraba de pie junto al marco de la puerta, el cual tenía sus alegres ojos azules fijos en ella y le dedicaba una amplia sonrisa, como siempre. A Tammy le parecía como si éste no tuviera preocupaciones en su vida, ya que durante los tres años que hacía desde que le conocía no recordaba haberle visto preocupado ni de mal humor. Claro, que aquello no significaba necesariamente que a ella no consiguiera enfadarla, así que entrecerró los ojos lanzándole una mirada acusadora.

— No llames antes de entrar, Max, ¿para qué? Después de todo, las puertas no se hicieron para impedir que la gente metiera su hocico en habitaciones ajenas sin permiso, ¿verdad?

— Pero entonces no te habría sorprendido. Y sé cuánto te gustan las sorpresas. — respondió el chico con su habitual tono despreocupado, aunque por la mirada que le dedicó Tammy después de que mencionara lo último supo que no había empleado bien sus palabras. Alzó las manos en señal de paz y avanzó unos pasos hasta detenerse al lado de la cama donde estaban sentadas las dos chicas. — Vale, corrijo: sabes cuánto me gusta sorprenderte. ¿Llego en mal momento? Es que quería comentarte una cosa.

Tammy le observó en silencio, vacilante. No podía hacerse una idea de lo que querría hablar con ella, sobre todo porque ahora mismo estaba más pendiente en buscarle una explicación a por qué su madre había dejado subir a Max que a cualquier otra cosa. No entendía por qué él -con su personalidad tan peculiar y despreocupada- caía bien a su madre, que era una mujer metódica y que siempre debía tener todo bajo control. Cómo se permitía el darle la libertad de andar por la casa a sus anchas y, peor aún, de permitirle entrar de imprevisto en su cuarto, escapaba completamente de su conocimiento.

— Siempre llegas en mal momento, Wylkes. — la voz de Sheila sacó a Tammy de sus pensamientos. Se percató de que el tono de su amiga era cortante y acusador, probablemente porque ella tampoco había olvidado aquel vergonzoso día en los pasillos en el cual también estuvo presente, junto a su amiga. — Así que tendrás que posponer ese comentario para cuando le venga mejor a Tammy, es decir dentro de... nunca.

— Sheila. — Tammy se sorprendió a sí misma reprochando a su mejor amiga para salir en defensa de Max, quien por su parte pareció estar encantado con aquel gesto. La chica contuvo un suspiro mordiéndose el lateral del labio inferior; por muy extraño que pudiera resultar, en el fondo Max le agradaba precisamente por su forma de ser. Ladeó la cabeza escudriñando el rostro del chico, aunque como sucedía la mayor parte del tiempo, no consiguió leer lo que podría estarle pasando por la mente en aquel momento. Algo un tanto frustrante para una estudiante de Psicología, todo había que decirlo. — ¿Y bien? ¿De qué se trata?

— No puedo decírtelo con ella delante, no es así como debe hacerse, no tendría gracia. — replicó el aludido frunciendo el ceño con gesto ligeramente ofendido. A Tammy le dio la impresión de que estaba dando por supuesto que ella debía saber de qué quería hablarle y pensaba que había sido estúpido el preguntarle estando Sheila presente. Contuvo las ganas de zarandearle a ver si por fin se le colocaba algo dentro de su cabeza que la hiciera funcionar con normalidad, y en vez de eso se giró hacia su amiga haciendo un puchero en un intento de causarle lástima.

— ¿Te importa ir un momento con Moira a su cuarto? No tardaremos, te lo prometo.

Sheila le lanzó una mirada de odio mientras se ponía en pie lentamente y luego masculló entre dientes una frase que Tammy no alcanzó a entender, a excepción de «será posible» y «capullo», que sonaron lo suficientemente claras. Ignoró a Max cuando éste le dio las gracias por dejarles a solas y dio un portazo después de salir de la habitación. Tammy supo que luego tendría que inventarse una muy buena excusa por haber accedido a interrumpir una conversación en la que Colton estaba involucrado. Prefirió no pensar en aquello de momento y le hizo una seña a Max para que se sentara en la cama junto a ella.

— ¿Y bien? Tú dirás.

Max tomó asiento en la cama tal y como le había indicado Tammy y miró un momento al suelo sin decir nada aún. Aquello era raro en él, pero estaba bastante nervioso por lo que quería hablar con ella. Se aclaró la garganta para evitar que le saliera voz de pito y alzó la vista hacia la chica a la vez que, inconscientemente, agarraba con fuerza la colcha que cubría la cama. Ahora o nunca.

— Me preguntaba si te apetecería... bueno, más que apetecerte es si querrías... si querrías salir conmigo. — hizo una pausa entrecerrando los ojos como analizando lo que él mismo había dicho y de repente los volvió a abrir de golpe. — Es decir, no en plan salir afuera a la calle, ni tampoco en plan salir a dar una vuelta, aunque eso estaría bien, ya me entiendes, a mí me encantaría salir a dar una vuelta o varias contigo, pero el caso, que si quieres salir conmigo en plan... novios. Me preguntaba si querrías ser mi novia.

— Salir contigo. Ser tu novia.

En aquel momento, Tammy sólo pudo repetir las partes más destacadas del mini-monólogo de Max, como para mentalizarse de lo que acababa de escuchar ya que aquella repentina declaración la había pillado con la guardia baja y la había dejado sin palabras. Parpadeó varias veces sintiéndose algo aturdida; sin duda, aquello era lo último que se habría esperado y el hecho de que Max hubiese repetido tantas veces la palabra "salir" había conseguido que le diera dolor de cabeza.

— Sí, eso es, muy bien. Lo has entendido. — comentó él a la vez que asentía varias veces visiblemente orgulloso de haber conseguido hacerse comprender pese a lo nervioso que estaba antes de declarase. Frunció los labios en una sonrisa que a Tammy le pareció lo bastante dulce como para hacer morder el anzuelo a cualquier chica que tuviera delante, pero no a ella.

— Te estás burlando de mí, es eso, ¿verdad? — le soltó bruscamente cruzándose de brazos y se quedó mirándole fijamente. Gracias a la rapidez con la que corrían los rumores en el instituto, sabía que Max había tenido un par de novias pero éstas no le habían durado más de dos meses. Estaba casi segura de que aquello se debía a su carácter, a su eterna locura, y aunque no la hubiera sacado a relucir en este rato que habían pasado juntos no significaba que no estuviera ahí, a punto de manifestarse. Ella no quería a un chico con la cabeza llena de pájaros que fuera a cansarse de ella a las pocas semanas, sino que necesitaba a alguien que le diera estabilidad y la hiciese sentirse segura — Ahora mismo no estoy para tus juegos, Maxwell. Si llego a saberlo...

— ¿Qué? No, claro no me estoy burlando de ti, ¡te lo estoy diciendo en serio! — él la interrumpió sacudiendo violentamente la cabeza con gesto preocupado mientras alzaba las manos dando a entender que tenía una explicación, y le recordó a esos actores en funciones de teatro para niños que eran tremendamente exagerados a la hora de gesticular en sus papeles. Había algo en la expresión de su rostro que hizo pensar a Tammy que era cierto que lo decía en serio, pero su historial no hablaba a su favor y ella no quería arriesgarse. El chico se rascó la cabeza intranquilo, haciendo que sus oscuros rizos se movieran como pequeños resortes y la miró con sus brillantes ojos azules acercando levemente su rostro al de ella. — Me pareces una persona increíble, eres guapa, tienes carácter, y me encanta como reaccionas ante las sorpresas. ¿Por qué iba a tomarme a coña el pedirte que salieras conmigo?

«Porque eres Max Wylkes, por eso.» pensó Tammy, pero prefirió ahorrarse el decirlo en voz alta y apartó la vista un momento hacia la ventana, suspirando para sus adentros.

— No puedes presentarte en mi casa y venirme con esto. Es cruel. — respondió con voz pausada y volvió a mirarle. No sabía por qué, pero no quería hacerle daño. — Además, quiero intentar algo con otra persona. Así que lo siento, pero no hay más que hablar sobre este tema y lo mejor será que te marches.

La mirada de decepción que Max le dedicó tras aquello hizo pensar a Tammy que la felicidad y espontaneidad que caracterizaba al chico se había esfumado de su cuerpo por completo. ¿Realmente le había herido? Después de unos segundos que a ella le parecieron una eternidad, Max apretó los labios y agachó la cabeza sin hacer nada más que asentir despacio.

— Claro, lo entiendo. Perdona si te he molestado. — dijo finalmente y Tammy notó como la voz del chico se quebraba. Se mantuvo firme pese a esto y le observó mientras él se levantaba y la miraba de nuevo dedicándole una pequeña sonrisa; al menos aquello era algo que nunca le negaba. — Ya nos veremos en el instituto, Tam.

Ella asintió en silencio sintiendo como si le atravesaran el pecho con algo gélido y punzante, y dejó caer las manos en su regazo al mismo tiempo que Max salía de su habitación. En aquel momento habría preferido que la llamase Adriana.


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