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you disloyal bastard ([info]carstairs) wrote in [info]drunkwithapen,
@ 2012-12-21 20:28:00


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Two Kingdoms 001: Deacon Pureheart

PERSONAJES: Deacon Purehart.
NOTAS: Drabble en tercera persona que transcurre el día después de que Lazarus asesinase a Donovan.
DISCLAIMER: Deacon y Donovan son propiedad de Sylvie, quien espero que no me odie mucho por manejar a sus personajes, y los actores que le ponen rostro son mi marido Garrett Hedlund y Aaron Johnson respectivamente. Las imágenes están hechas por mí.


Deacon agarró el pomo de la puerta notando el frío tacto en su mano al rozar el mármol, material del que estaba hecho la totalidad del palacio así como de todos los edificios de esa zona de la ciudad. Normalmente aquel contacto siempre le sobresaltaba pese a que después de tantos años debería estar ya más que acostumbrado, pero a diferencia de otras veces en aquel momento no se inmutó. Todo le resultaba frío aquella mañana.

Empujó el portón despacio y notó como el corazón comenzaba a bombearle con más intensidad al contemplar la habitación que se abría ante él. Paredes blancas como la nieve a ambos lados de un amplio pasillo que terminaba en un altar menos iluminado, pero que aún así conseguía captar toda la atención de cualquiera que se adentrase en aquella sala. En la pared del fondo se hallaban unos grabados en relieve con forma de enredadera y del final de cada una de las ramas brotaba una flor con una pequeña vela en su interior, que iluminaban el recipiente de cristal que había frente a ellas. Deacon apartó hacia atrás la capucha de la túnica de luto que llevaba puesta y avanzó por el pasillo con paso lento, luchando contra el nudo que se le formaba en la garganta, pero sobre todo contra aquel dolor en el pecho que soportaba desde la noche anterior y que le dificultaba enormemente el poder respirar con normalidad.

El ataúd yacía en lo alto del altar, lejano, como el pensamiento de que Donovan ya no estuviese entre ellos. Su cuerpo reposaba en el interior arropado con cuidado por una túnica oscura de terciopelo. La mismísima Reina se había encargado de ello y además había permanecido la noche entera -y parte de la mañana- al lado del joven muchacho, de su Guardían, su primogénito, del que no había conocido su verdadera identidad hasta el momento de su muerte.

Deacon subió el escalón del altar y miró a Donovan, cuyo rostro poseía un gesto tranquilo y calmado, daba la impresión de que simplemente estuviese descansando después de una batalla difícil. Al fin y al cabo no era una idea tan absurda, a menudo era Deacon el encargado de despertarle tras una de esas batallas, o por haber estado intimando con sus amiguitas hasta altas horas de la madrugada. No pudo evitar soltar una risita al pensar en aquello y notó como las lágrimas le inundaron sus ojos cayéndole con rapidez por las mejillas. Aún era incapaz de concebir la idea de que se hubiese ido para siempre. Un 49% dentro de él quería pensar que en cualquier momento Donovan aparecería detrás suyo, dándole una palmada en la espalda y bromeando con coquetear con su prometida. Otro 49% pensaba que todo aquello no era más que un sueño, un mal sueño, y que sería el más joven de los Guardianes el encargado de despertarle a él esta vez.

Pero era el 2% restante el que le hacía consciente de la cruda realidad; no estaba soñando, había sido testigo de cómo Lazarus le arrancó el corazón de su cuerpo aún con vida en el Reino Oscuro delante suyo, y por mucho que lo deseara, su hermano pequeño ya no volvería a bromear con él. Deacon siempre había pensado que como el mayor de los tres Guardianes su deber era protegerles, tanto a Donovan como a Damon, dar su vida por ellos si se daba el caso. Su vínculo era muy fuerte, aunque no fuesen familia estaban unidos como hermanos de sangre, y nunca se habría cuestionado el darlo todo por ellos. Pero allí estaba ahora, frente al cadáver de uno de ellos sin haber sido capaz de protegerle, y en aquel momento se preguntó cómo demonios iba a ser capaz de vivir con eso.

Se sintió mareado, vacío, lleno de tristeza y a la vez de ira, una ira incontrolable, y apoyó ambas manos en el borde de la urna aferrándose con fuerza, agachando la cabeza entre sus hombros y rompiendo a llorar desconsoladamente. Quería gritar, golpear algo o a alguien, cabalgar hasta el Reino Oscuro y sacarle el corazón a Lazarus con sus propias manos para luego jactarse de ello. Pero supo que aquello no iba a devolverle a Donovan, y mucho menos, a honrar su memoria. Él no habría actuado de aquella manera. Tragó con fuerza, aún sollozando, y alzó la vista mirando al chico una vez más. Pensó en lo valiente que había sido siempre a pesar de su juventud, en cómo anteponía sus deberes como Guardián a su propia felicidad, en lo orgulloso que estaba de él... Y entonces supo que Lazarus pagaría por lo que había hecho, sí, pero con una estrategia que les mantuviera unidos a él, a Damon, a los Reyes, a Nikolai y a Solara, para así ser capaces de hacer justicia a las hazañas de Donovan. Porque él se merecía aquello.

Deacon respiró hondo y se irguió sin dejar de mirarle esbozando una leve sonrisa, una sonrisa rota aunque a la vez tierna y sincera, y poniéndole una mano sobre el pecho le besó en la frente para luego hablarle en un susurro.

— Ecst tsnäla öfna ahsandè.

Descansa en paz, hermano mío.


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