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you disloyal bastard ([info]carstairs) wrote in [info]drunkwithapen,
@ 2013-04-23 15:12:00


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Two Kingdoms 003: Draven Castlehaven

PERSONAJES: Draven Castlehaven, Jillian Silverdale y Chiang Whitesoul.
NOTAS: Drabble en tercera persona que transcurre varias semanas después de que Chiang llegase a Ythar. Tiene lugar en la habitación de Jillian cuando ésta requiere los servicios del hechicero, bajo la atenta mirada de Draven.
DISCLAIMER: Draven, Jillian y Chiang son propiedad de Sylvie, quien espero que no me odie mucho por manejar a sus personajes, y los famosos que les ponen rostro son Godfrey Gao, Simone Simons y mi marido Anthony Neely, respectivamente. Las imágenes están hechas por mí.


— Sigo pensando que es demasiado joven. Cualquier hechicero experimentado sabría diferenciar las propiedades de una infusión de helyôde de las de una de yentäm.

Draven advirtió la sonrisa burlona que se dibujó en el rostro de la reina después de que ésta hiciese aquel comentario, así como también captó el gesto de confusión absoluta en el rostro de Chiang. La única diferencia que existía entre el helyôde y el yentäm era que uno se servía frío y el otro caliente, pero sus propiedades curativas eran similares. Observó como Jillian apartaba la taza con la infusión de helyôde que le había preparado el hechicero y luego se recostaba en su mullida almohada, apoyando el dorso de la mano en su frente, para conseguir añadir más dramatismo a la escena. Era un hecho evidente que a Jillian no le agradaba el chico, y Draven creía conocer el motivo: se había dado cuenta de la forma en la que él miraba al recién llegado. Jillian no estaba acostumbrada a que se fijase en otras personas y era obvio que aquello le molestaba, así que se esforzaba en buscar la mínima excusa para menospreciar a Chiang y tratar de ridiculizarle, comportándose como una adolescente caprichosa. Era cierto que Draven se sentía atraído por el hechicero, lo supo desde el primer encuentro de ambos en la entrada principal del castillo, pero él no era de los que ponían las cosas fáciles en ese aspecto. A Draven le gustaba el flirteo constante, el juego de la conquista, y no ofrecer las cosas en bandeja. Hacer sufrir a la otra persona, por así decirlo. Por ese motivo tan sólo se había mostrado amable y atento con Chiang, insinuando de vez en cuando un ligero toque de coqueteo y picardía. Y aunque tal vez aquello no había sido suficiente para que el joven pudiese apreciar el interés que el rey tenía en él, sí lo había sido para Jillian.

Draven se apoyó en el marco de la puerta mientras se cruzaba de brazos y fijó su mirada en el hermoso rostro de la que aún era su esposa; en los ojos de una intensidad de azul que no había visto en nadie más durante su larga vida, la delicada y fina nariz, los labios pequeños y carnosos que tantas veces besó en el pasada y que habían recorrido su piel en innumerables ocasiones, el elegante cuello, su preciosa melena pelirroja... Draven notó un pequeño pinchazo de nostalgia en su pecho y suspiró con tristeza, desviando la mirada hacia un rincón del cuarto sin prestar atención a nada en concreto, inmerso en sus pensamientos, con la imagen de Jillian ocupando todos y cada uno de ellos. Ya no era capaz de encontrar ningún rastro de la chica por la cual había perdido la cabeza cientos de años atrás, la cual le había robado el corazón con su dulzura e inocencia. Ahora sólo veía a alguien egoísta que le había traicionado, alguien que le causó tanto dolor como en épocas pasadas le había llenado de alegría, y aunque aquel sentimiento de amor hacia ella no se hubiese consumido del todo, sabía que no volvería a caer en sus redes de nuevo. Y mucho menos ahora, con la aparición de Chiang.

— Esto no ayudará a mi dolor de cabeza, querido. — La voz de la reina trajo a Draven de vuelta a la realidad. — Avisa a Arthas, él sabrá darme lo que necesito.

“O Nikolai.” Mencionó una vocecilla oculta en algún lugar de su mente que hizo que su músculos se tensaran y que sus manos se cerraran en puños. Ese Oscuro era la fuente de su dolor y el responsable directo de que Jillian ya no le correspondiera de la misma manera que antes. Ambos ignoraban el hecho de que Draven supiera acerca del idilio que mantenían en secreto, pero obviamente el rey no era estúpido y al igual que Jillian le conocía lo suficiente para saber que estaba interesado en el nuevo hechicero, él también la conocía a ella como para notar la manera en la que se dirigía a Nikolai. En ese momento vio como Chiang pasaba por su lado para abandonar la habitación y le dedicaba un tímido asentimiento como despedida, al cual Draven respondió con el mismo gesto, aunque más seguro de sí mismo. Giró la cabeza despacio hacia la cama donde se encontraba Jillian y comprobó que tenía sus brillantes y preciosos ojos azules puestos en él, observándole de manera taladrante y acusadora. El rey le dedicó una media sonrisa a la vez que alzaba ligeramente la barbilla y abandonó también la habitación sin hacer comentario alguno, sin darle la razón a lo joven que era el hechicero, ni tampoco a si era apto o no para el puesto, y fue consciente de que aquello iba a irritarla bastante.

— Cuando le des ese importante aviso a Arthas me gustaría que te reunieses conmigo en mis aposentos. — Susurró en la espalda del muchacho mientras andaban por un amplio pasillo, observando su cuello al descubierto, libre de la capucha que normalmente lo cubría, y sintió ganas de besárselo allí mismo y de despojarle del resto de la túnica para perderse en su cuerpo. El muchacho alzó la vista hacia él con aquella mirada inocente y a la vez curiosa que tanto le gustaba a Draven, y éste esbozó una pícara sonrisa ladeando la cabeza y hablando de nuevo en un susurro. — No te preocupes, te prometo que trataremos temas más interesantes que el de las infusiones curativas.


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