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you disloyal bastard ([info]carstairs) wrote,
@ 2012-05-21 23:11:00


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jude whatley
1967 || 1969 || 1971 || 1973 ||

24 Septiembre 1973;
— Podemos seguir así toda la noche, Whatley. Que esto termine depende única y exclusivamente de ti.

— No lo dudo. — Jude alzó la vista hacia el hombre que acababa de hablarle y se sorbió la nariz, mirándole desafiante. — Es lo que tiene ser un don nadie después de todo, ¿no? Cuentas con todo el tiempo del mundo. Me dais cierta envidia, de hecho creo que deb-

El tipo le silenció con un fuerte puñetazo en el estómago que, de no ser porque otros dos hombres le sujetaban por los brazos, también le habría hecho caer al suelo. El muchacho se quedó sin aliento durante varios segundos y notó como sus ojos se humedecían a causa del dolor. Tosió varias veces y respirando entrecortadamente, volvió a mirar al hombre que tenía enfrente suyo: David Landmort. David pertenecía a una banda de mafiosos que había dominado el este de los Estados Unidos en los 50 pero que ahora, veinte años después, estaba atravesando una mala racha. Era un tipo entrado en edad y mucho más corpulento que Jude, de estatura media y un rostro duro marcado por varias cicatrices, que aunque fuesen pequeñas, le daban una expresión intimidante. Básicamente era la clase de tio con el que nunca querrías cruzarte en un callejón oscuro -ni en ningún sitio.

— ¿Sabes? He sido muy paciente contigo, Jude... — comenzó a decir David mientras se paseaba por la habitación. - Me engañaste dos veces, me diste esquinazo otras tantas, te las ingeniaste para que pasaran meses sin que conociera tu paradero, y a pesar de todo ello nunca perdí mi fe en ti. Me parece que ya va siendo hora de que muestres un poco de gratitud, o como mínimo, algo de respeto.

— ¿Qué más gratitud que dejarte entrar en mi casa a estas horas de la noche, Dave?

A Jude le habían dicho varias veces a lo largo de su vida que hablaba más de la cuenta, y aunque aquella pequeña cualidad suya le había sacado más de una vez de algún que otro aprieto, también había conseguido meterle en bastantes. Recibió otro puñetazo de David aunque esta vez en el pómulo derecho, haciendo que le ardiera ese lado de la cara a la vez que sentía un fuerte dolor en todo el cráneo. Hizo una mueca cerrando los ojos un momento y sacudió la cabeza en un intento de que el dolor se disipara, pero lo único que consiguió fue que todo le diera vueltas. Una vez más agradeció que aquellos dos hombres le estuvieran sujetando o de lo contrario ya habría estado haciéndole compañía a la alfombra del suelo. Miró con ojos entrecerrados a David que ahora le daba la espalda mientras se miraba los nudillos de la mano con la que le había golpeado, y se preguntó cómo saldría de esta. Aquellos tres tios habían llegado a su casa antes de que él lo hiciera, lo más seguro era que llevaran horas esperándole, y eso sumado a que les estaba sacando de quicio con sus comentarios, le hacia ser consciente de que no tendrían intención de marcharse sin lo que David había venido a buscar allí. Y lo cierto era que Jude le debía mucho dinero.

— Si fuese tú, dejaría las bromas para otro momento. A tus fans no les va a gustar que aparezcas con un cambio de look tan... radical.

David se señaló su propio rostro con gesto de burla, como para que Jude entendiese que se refería al moretón que probablemente tendría ahora mismo en la cara. El chico dejó escapar una risita y asintió despacio mirándole fijamente.

— Ya. Suerte para ti que no vives de tu imagen, ¿eh? Si no, ya haría mucho tiempo que estarías arruinado.

No fue uno, sino dos, tres y cuatro los puñetazos que recibió esta vez en la cara, cada uno con más fuerza y rabia que el anterior, y Jude no tuvo más remedio que escupir la sangre que se le había acumulado en la boca. Se sentía mareado y notaba que aparte del picazón en los labios debido a los cortes que David le había hecho, también le latía violentamente el rostro y que con cada latido le ardían aún más los lugares en los que había recibido los golpes. Llegados a este punto ya no se esforzó por mantenerse en pie por él mismo como antes -dato que hizo que los dos hombres emplearan más atención en sujetarle-, simplemente dejó caer el torso hacia delante y agachó la cabeza centrando la visión en la sangre mezclada con saliva que emanaba de su boca entreabierta.

— Se acabaron los jueguecitos, niñato. — espetó David en un tono mucho más serio y brusco del que había estado utilizando anteriormente. — Aunque te esfuerces en parecerlo, sé que no eres estúpido y que conoces perfectamente el motivo de mi visita, así que dime dónde guardas mi dinero y con mucho gusto te dejaré que descanses. Seguro que el viaje hasta aquí sido largo y créeme, no tienes muy buena cara.

A pesar de no estar mirándole, Jude supo que estaba dedicándole una sonrisa de suficiencia después de hacer aquel comentario. Se sintió incapaz de pensar en algo ingenioso e hiriente que contestarle y permaneció en silencio sin ni siquiera alzar la vista; en aquel momento lo único que quería era que todo acabase y que le dejaran en paz. David se percató de que el muchacho no tenía la más mínima intención en responder, así que se agachó levemente hasta que su rostro quedó tan sólo a unos centímetros de Jude y le sujetó de las mejillas con una mano, haciendo que le mirase.

— ¿Y bien?

— No tengo tu puñetero dinero. — mintió Jude irguiéndose y notó como la expresión en el rostro de David se tensaba. — Y aunque lo tuviese, no te lo habría dado igualmente.

Dicho eso le dio una patada en la pantorilla a uno de los hombres que le sujetaban, lo que le dio algo de tiempo para soltarse tanto de él como de David, y aprovechó la mano que tenía libre para asestarle un fuerte puñetazo al otro tipo haciéndole caer al suelo. Para asegurarse de que no se levantara, le dio una patada en la cara y luego giró sin pensárselo dos veces para noquear al primero con un golpe en la nuca. Jude esbozó una leve sonrisa tras el éxito de su hazaña y se giró hacia David con intención de golpearle a él también, pero este fue más rápido y le sujetó del cuello antes de que pudiera hacer nada. Alzó a Jude unos centímetros para seguidamente lanzarlo con fuerza hacia atrás, haciendo que cayera de espaldas al suelo. El chico hizo una mueca de dolor e intentó incorporarse para ponerse en pie, pero al alzar la vista descubrió que David estaba justo al lado suyo y le apuntaba con una pistola.

— Dicen que los verdaderos rockeros consiguen más fama después de su muerte. — el tono en la voz de David era horriblemente siniestro, y cuando quitó el seguro y le vio deslizar su dedo índice por el gatillo apenas oyó lo que dijo a continuación, todo lo que escuchaba era su propio corazón bombeando más y más rápido. — Veremos si tú eres uno de ellos.

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24 Septiembre 1973;
Jude abrió los ojos al escuchar sirenas de policía y varias voces hablando atropelladamente. Se fijó en que estaba tumbado boca abajo en el suelo de su casa y frunció el ceño al no recordar cómo había llegado allí. De hecho, no recordaba absolutamente nada. Su primer pensamiento fue que se habría emborrachado hasta tal punto de haber olvidado todo -no hubiese sido la primera vez- y al incorporarse un poco y alzar la vista, se dio cuenta de que tal vez su teoría no estuviese demasiado desencaminada.

Justo enfrente suyo habían varios oficiales de policía y algunos tipos enfundados en elegantes trajes de chaqueta, probablemente pertenecerían al Gobierno o a algo importante, y sintió que la cabeza le daba vueltas al tratar de imaginarse en qué clase de lío se habría metido ahora. No le hizo falta pensar demasiado, ya que en ese preciso instante vio pequeños flashes en su mente en donde tres hombres habían venido a reclamarle dinero: David Landmort y dos de sus secuaces. Usaron un método algo doloroso que suponía que había conseguido dejarle inconsciente, sin embargo, no vio rastro alguno de ellos. Pensó que seguramente alguien habría alertado a la policía pero los muy cabrones consiguieron escapar antes de que llegasen. Jude chasqueó la lengua molesto; no sólo esos matones volverían a molestarle de nuevo en los próximos días sino que encima ahora tendría que responder a las preguntas de la policía y quizá también de los periodistas. Suspiró resignado y terminó de incorporarse despacio poniéndose en pie, listo para testificar o lo que fuese, pero al depositar la vista más allá de donde estaba toda aquella gente dejó de prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Alguien yacía en el suelo cubierto con una lona de color oscuro que tapaba todo su cuerpo y estaba rodeado de un cordón policial. Jude sintió un escalofrío que le recorrió la médula hasta erizarle los pelos de la nuca; sabía de lo que Landmort y sus hombres eran capaces de hacer para conseguir sus propósitos y se imaginó que aquel pobre tipo que estuviese debajo de la lona había conocido la peor de todas.

Justo entonces notó que las piernas le flaqueaban al pensar fríamente en a quién podría pertenecer el cadáver que estaba en su casa. ¿Sería alguna persona del pueblo que había entrado a causa del jaleo, o por el contrario era alguien que habían traido desde otro lugar?

¿Sería su padre?

No comprendió por qué, pero pese a que se había puesto muy nervioso ante ese pensamiento, no notaba su corazón latir deprisa; la sensación y la ansiedad estaban ahí, pero no sintió el característico dolor en el pecho de cuando eso sucedía. Decidió que ese era un asunto secundario en aquel momento y se adelantó unos pasos para preguntar el nombre de la víctima a alguno de los agentes que aún estaban allí, pero justo en ese instante varios periodistas irrumpieron en la habitación disparando los flashes de sus cámaras hacia cada rincón. Los agentes les sacaron de allí antes de que acapararan la sala y ésta se quedó completamente vacía, a excepción de Jude y la persona que estaba tendida bajo la lona. El chico se mordisqueó el labio inferior -algo que solía hacer a menudo cuando estaba nervioso- y miró de reojo al cuerpo, debatiendo lo que hacer a continuación. Armándose de valor, se acercó hasta él y se puso de cuclillas alzando una ceja, no estaba seguro si estaría preparado para lo que fuese a encontrarse.

Jude apartó la lona de un tirón y quiso gritar al descubrir de quién se trataba, pero aunque su boca se abrió no pudo emitir sonido alguno a causa del shock. Cayó hacia atrás en el piso y retrocedió ayudándose con sus piernas hasta que su espalda chocó contra la pared contigua, como si alejándose del cadáver fuera a conseguir que desapareciese de su vista. El pecho le subía y bajaba aceleradamente debido a su agitada respiración, pero al igual que había sucedido minutos antes con los latidos de su corazón, no notó el aire recorriendo sus pulmones. Ahora comprendía el motivo.

El chico que yacía en el suelo era de tez blanca, la cual había palidecido al llevar muerto probablemente varias horas. Un mechón de su oscuro cabello rizado le caía por la frente y aunque el color había desaparecido de sus mejillas y labios, se podían apreciar varios moratones y cortes en su marcado rostro. Jude supo perfectamente que eran las marcas de los puñetazos que le había propinado David Landmort mientras dos de sus hombres le sujetaban.

Aquel cuerpo sin vida era el suyo.

En ese momento se sintió en una especie de sueño macabro y cerró los ojos con fuerza, haciendo que las lágrimas le resbalaran por las mejillas mientras su cuerpo se agitaba violentamente debido al pánico. Flexionó las rodillas y las rodeó con sus brazos en un intento de dejar de temblar, pero le resultó imposible. Lo recordaba todo: estar frente a frente con Landmort después de habérselas arreglado para tumbar a sus secuaces, cómo seguidamente le había apuntado con una pistola, el ardiente plomo estallando contra su pecho, no una vez, sino dos, y como luego todo se había vuelto negro.

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26 Septiembre 1973;
Jude odiaba los cementerios. Desde que era niño había estado con frecuencia en uno que se encontraba a escasos kilómetros de su antigua casa de Kent, en Reino Unido, para visitar la tumba de su madre. Por aquel entonces le parecía ridículo el tener que ir a contemplar en silencio la lápida de alguien a quien nunca conoció, de alguien que nunca le dio amor. Recordaba cómo le entristecía ver a su padre tan destrozado frente a aquella fría piedra de mármol con los ojos cerrados, concentrado en sus recuerdos como si no hubiera nadie más en aquel sitio, murmurando algo en voz baja, y finalmente depositando sus húmedos ojos en la inscripción y dándole un pequeño beso a las letras que formaban el nombre de su querida esposa. Aunque pareciera ridículo, le había guardado cierto rencor a aquella mujer por hacer sentir así de vacío a su padre, la persona que le había cuidado desde que era un bebé, el único que se había asegurado que no le faltase de nada, y quien le había dado todo el amor que había conocido en su corta vida. Su padre significaba muchísimo para él y si alguien le hacía sufrir, automáticamente iba a ganarse su reproche y desagrado, aunque ese alguien fuese la mismísima persona que le dio la vida.

Jude suspiró pesadamente para sus adentros y ladeó la cabeza, apoyándola en el árbol que tenía al lado. En aquel momento no sintió que fuese mucho mejor que su madre con respecto a ese tema.

Anthony Whatley se encontraba a unos pocos metros del lugar desde donde Jude le observaba, mezclado entre la multitud que se había reunido en el cementerio para honrar el alma de la persona que había fallecido dos días antes. Vestía un traje de chaqueta negro con un abrigo del mismo color cubriéndole los hombros y sujetaba un sombrero en la mano, un complemento muy característico que nunca solía faltar en su manera de vestir. Aquella era la primera vez en cuatro años que Jude le veía, y el gesto en el rostro de Anthony distaba mucho del de entonces; en aquel momento se había mostrado decepcionado tras la decisión de su hijo de no querer mudarse a Nueva York con él sino quedarse en Illinois para dedicarse al mundo de la música. Su rostro, de pie ausente en aquel concurrido cementerio, reflejaba tristeza, abatimiento, y sobre todo mostraba lo destrozado y vacío que se sentía nuevamente al haber tenido que enterrar, no sólo a su esposa, sino ahora también a su único hijo.

Jude avanzó hacia la multitud metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta negra de cuero, la cual aún conservaba rastros rojizos de hacía dos noches, aunque no demasiados si se comparaban con la gran mancha que teñía su camiseta debido a la sangre que le emanó del pecho a causa de los dos disparos que le habían asestado. Se detuvo a un par de pasos de Anthony, a quien los presentes habían dejado algo de intimidad en ese momento, y sintió que si no hubiese estado ya muerto el corazón se le habría parado en aquel mismo instante. Su padre se había dejado caer de rodillas frente a su lápida rompiendo a llorar desconsoladamente; era un llanto de total desolación y dolor, Jude nunca antes le había visto de aquella manera, ni siquiera cuando era niño, y supo que al igual que él, se estaba arrepintiendo de no haber llamado ni escrito en aquellos últimos cuatro años.

Jude se adelantó unos pasos guiado por el impulso; quería mostrarse ante él y decirle que no tenía de qué preocuparse, que "el otro lado" no estaba tan mal como lo pintaban, y que le quería. Sobre todo eso. Que le quería y que no habría podido tener mejor padre que él. Pero justo en el momento en que su mano iba a rozar el hombro de Anthony, se detuvo. Algo dentro suyo le advirtió de que aquello le supondría un trauma irreversible, o como mínimo, le sumiría en una confusión total de la que le costaría mucho tiempo recuperarse. "Ya le has hecho suficiente daño." Jude se quedó observando la angustia de su padre y se mordió el labio inferior tratando de contener la impotencia, con tanta fuerza, que notó el sabor amargo de la sangre al haberse lastimado. Sintió como un horrible sentimiento de culpa le oprimía el pecho por ser el responsable directo de la tristeza de la persona a la que más quería en el mundo, y entonces pensó en su madre. Comprendió que no tenía que seguir recriminándole por todo el tiempo que Anthony había pasado llorando su muerte. Al menos ella no se había ganado ese destino a pulso, a diferencia de él. Se preguntó dónde estaría ahora, si seguiría en Kent, o si habría encontrado ese lugar mejor del que siempre hablaban los vivos. Quizá aquello fuese cierto y estuviese allí descansando en paz. Jude se sorprendió a sí mismo deseando que así fuera y deseando también que pudiera perdonarle por haberla odiado durante tanto tiempo.

Porque fue consciente de que precisamente él mismo nunca podría perdonarse el haberle fallado a su padre.

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