Bobbie Mikhailova, Lazarus Hammond, Adam & Marcus Raine - Dead Inside

Me encontraba con los Tenientes Lazarus y Marcus desayunando en el comedor de la mansión, me había quedado dormida para la hora normal del desayuno y siempre los tenientes eran los últimos en hacerlo, Marcus estaba sentado enfrente mío, en silencio y ocupado mientras untaba en una tostada el poco que quedaba de mantequilla, Lazarus, que estaba sentado a su lado le daba vueltas a la cuchara al café frío que tenía delante suya, no sabía si estaban preocupados por algo o simplemente estarían pensativos o incluso podía molestarle mi presencia ya que no podrían hablar con total libertad.
Justo iba a preguntarles donde estaban los cubiertos cuando me fijé que un joven se acercaba a la puerta de la cocina, se frotaba el pelo y con los ojos llorosos miraba a Marcus, le miré yo también pero Lazarus parecía estar aún en su mundo, debatiendo seguramente alguna pelea mental contra el holocausto caníbal que teníamos encima.
- ¿Pasa algo, Adam?.- preguntó Marcus, su voz era delicada, cautelosa y llena de aprecio.
El chico, Adam, negó con la cabeza, se acercó hasta nosotros y apoyó la mano en la silla donde estaba situado Marcus y se frotó el ojo. Me quedé mirándole, tenía los ojos tan negros como la noche, pero la piel tan blanca como la nieve, un rubio cegador y unos labios rosados, era inquietante la manera en la que miraba, era inquietante la manera en la que reaccionaba.
- Me quedé dormido.- comentó con una sonrisa mirándome, a lo que fruncí el ceño, ya que cuando lo dije estaba sola completamente con ellos dos. ¿Lo habría dicho por mi o eran cosas mías?.
- Vaya.- comentó Marcus sonriéndonos a los dos.- en la próxima búsqueda tendremos que coger despertadores.
Lazarus sonrío y miró también al joven dedicándole una sonrisa, el joven respondió con una igual y fue al mueble, un pequeño mueble viejo de madera oscura, más bien de salón que de cocina, pero seguramente lo habrían encontrado por ahí y no había que ser fino en cuanto como decorar una casa en un apocalípsis.
- ¿Te hace falta la cuchara, no?.- preguntó Adam, esbozándome una tímida pero a la vez penetrante sonrisa.
- ¿Me lees la mente?.- terminé preguntándole, mirándole a esos ojos negros que tenía.
- Eres como un libro abierto, no hace falta leerte la mente.- comentó aún sonriéndome, alcanzándome la cuchara y sentándose a un lado de la mesa, a un lado, en el filo de ella, pero aún mirándome alzó las cejas y le cogió una tostada a Marcus.
Me quedé con la cuchara en la mano, nunca antes me habían dicho que fuera previsible, fácil de leer, fácil de saber que movimientos haría, fácil de saber que pensaba o que sentía, aquello me trabó por completo. Noté como Lazarus me miraba e inmediatamente pasándome el café carraspeó.
- Tienes suerte entonces que no me guste mucho la lectura.- comentó mientras me servía la leche.- podrás sorprenderme.
Adam sonrió, Marcus simplemente no hizo ningún gesto, como yo, simplemente me puse el café en el vaso con leche que me había preparado Lazarus y respiré hondo.
Se hizo el silencio, todos seguían comiendo, Lazarus ya bebía de su taza y Marcus le preparaba un café a Adam, quién estaba mirándome sin quitar aún la sonrisa. Le dediqué una mala mirada y ampliándola miró a Marcus.
- ¿Durará este refugio para siempre?.- preguntó, aunque sin la menor nota de interés en su voz.
- Esperemos que Dios lo quiera.- respondió Marcus.
- ¿Está Dios dispuesto a impedir el mal, pero no es capaz?.- comencé citando.- Entonces no es Omnipotente, ¿Es capaz, pero no esta dispuesto?.. entonces es malévolo, Si a la vez está dispuesto y es capaz ¿entonces por que hay maldad?.- hice una pausa.- evidentemente, no está dispuesto ni capaz, entonces.. ¿por qué llamarlo Dios?.
Se hizo el silencio
Me quedé mirando a Lazarus, quien junto Marcus me miraban con gran curiosidad, interés y sorpresa, pero no comentaron nada, miré luego a Adam, que quien con una sonrisa paró de jugar con el pico de la mesa.
- Epicuro.- dijo.- gran filósofo.
