Jem comprendió qué era lo que antes había percibido en la mirada de su parabatai aparte de preocupación: culpa. De verdad se sentía responsable de que él estuviese en ese estado y suponía que era por lo que estaba teniendo su pequeño conflicto interno. Pero parecía ir más allá del simple suceso de aquella noche, parecía ser una carga que hubiese soportado durante años y que por alguna razón hoy le estaba atormentado más que nunca. Jem se preguntó si tendría que ver con lo que le llevó a abandonar a su familia cuando tenía 12 años, con ese secreto que guardaba y que no quería compartir con nadie, ni siquiera con él. Suspiró para sus adentros y asintió despacio, como cavilando lo que Will había asegurado, aunque él era absolutamente consciente de aquello sin necesidad de que se lo dijese.
– Lo sé, William. Y también sé que serías la última persona responsable de que me sucediese algo. No le des más vueltas.
Estiró el brazo para poner su mano alrededor de la muñeca de Will en un intento de confortarle, de hacerle saber que más que nunca estaba ahí para él. Su amigo parecía encontrarle algo fascinante a la manera en que su anillo se deslizaba alrededor de su dedo cuando le daba vueltas, pero no había que ser demasiado listo para darae cuenta de que hacía aquello mientras tenía la mente en otro sitio. Jem observó al chico en silencio, el tener la cabeza gacha hacía que los rizos le cayesen a la altura de los ojos, los cuales tenían un círculo color oscuro bajo ellos, signo de que hacía varias noches que no descansaba. Su expresión iba variando según lo hacían sus pensamientos, supuso, y no pudo evitar sentir una punzada de lástima en su pecho al imaginar qué le estaba torturando de aquella manera. Tal y como había imaginado, Will esquivó su pregunta a la manera Herondale, a la defensiva y con su característica falta de tacto, pero lejos de molestarse por aquel comentario, Jem simplemente apretó los labios en una sonrisa paciente y dio un asentimiento muy convencido.
– Y es una cama muy cómoda, si me permites el comentario. – Dijo colocando ambas manos en su regazo para seguidamente hablar en un tono algo más serio – Sabes que lo mío no es nada nuevo, en cambio, tú tienes mal aspecto y eso sí es raro en ti. Es evidente que has pasado varias noches sin dormir, y hoy además has discutido con Tessa...
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