Will se sentía especialmente de buen humor aquella noche por diversos motivos. Primero, su castigo de una semana por haber golpeado a Gabriel Lightwood había finalizado, lo que significaba que ya no tendría que estar encerrado día y noche en el Instituto por más tiempo. Segundo, su relación con Tessa volvía a la normalidad después del beso que compartieron hacía unos días y que había hecho que Will cortara toda comunicación con ella por miedo a que Tessa pudiera llegar a sentir algo fuerte por él. Y pese a que esto había derivado a que la chica y Jem estuviesen más tiempo juntos últimamente y que ambos hubiesen intimado bastante, Will se sentía contento de haber estado bromeando con ella tranquilamente hacía unos minutos, llegando incluso a hacerle reír en varias ocasiones. A él le encantaba verla así, tan feliz, y esperaba que a partir de ahora pudiera dirigirse a ella siempre en esa actitud exactamente, en la de hacerla feliz, en lugar de apartarla de su lado y disgustarla cada vez que él cometía el error de bajar la guardia.
Porque –y este era el tercer motivo de su buen humor– esperaba que esa noche pudiera poner fin a su maldición. Había conseguido algunas pistas sobre el paradero del demonio antes de que Charlotte le castigase, y con ayuda de Cyril había estado carteándose con alguien que le mantuvo informado durante la semana que estuvo recluido. Debía dirigirse a uno de los callejones de Limehouse y decidió pedirle a Magnus Bane que le acompañase. No sólo le ahorraría una hora de trayecto a pie ya que podría crear un portal hasta allí, sino que ademas sus trucos de brujo podrían serle útil si el demonio se negaba a colaborar. Bajó las escaleras hasta la entrada del Instituto y se puso el abrigo antes de abrir la puerta y que todo el frío de la noche le golpeara de lleno en la cara, consiguiendo que se estremeciera ligeramente. Will esbozó una leve sonrisa e inspiró hondo sintiendo como sus pulmones se llenaban de aire.
La humedad de la noche londinense, cuánto la había echado de menos.
Cerró la puerta tras él y se colocó el cuello del abrigo para luego bajar los peldaños hasta la explanada principal, donde al echar un vistazo escudriñando entre la neblina vio una figura alta y delgada que reconoció enseguida como la de Magnus.
— Eres puntual, eso me gusta. — Mencionó en tono alegre y energético mientras se acercaba a él, y al llegar a su lado ladeó una sonrisa depositando la vista en el brujo — Ya uno no sabe cuándo ha contratado un buen servicio o no, son tiempos difíciles.
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