Marbas llevaba un rato bajo el viaducto como otras muchas noches, atendiendo a otros demonios e intercambiando materiales para rituales que necesitaban los de su especie y que eran difíciles de conseguir en el mercado normal, sobre todo porque eran ilegales. Por desgracia, la Ley tenía bien vigilados estos negocios y era muy complicado intercambiar cosas de ese tipo (que provenían de Subterráneos) sin que El Enclave metiera el hocico. Así que debían hacerse en condiciones como en la que se encontraba él ahora mismo, en las sombras de lugares húmedos y rodeados de hedores insoportables. No es que él se quejara, de todos modos, siempre y cuando la recompensa fuera buena.
Había conseguido una buena adquisición aquella noche, alas de hada, que era consciente y vendería por muy buen precio a un viejo conocido suyo. Entonces, sintió que no estaba solo en aquel sitio; había alguien detrás suyo y aquello hizo que se le erizaran las escamas de su espalda al ser consciente de que no era otro demonio. Se volteó con la agilidad que le caracterizaba, si aquella presencia había sido tan sigilosa como para acercarse sin que él lo notara, debía ser más rápido que ella. Para su sorpresa, se encontró con un chiquillo de cabello rizado oscuro y ojos azules que le miraba con un gesto que no supo descifrar del todo, alguien a quien no hubiera dado demasiada importancia si no fuese porque reconoció de inmediato la marca negra que tenía grabada en su cuello y que quedaba al descubierto pese al abrigo que llevaba.
— Nefilim. — Escupió aquella palabra sin disimular el desagrado que le producía y luego esbozó una sonrisa forzada que mostraba sus afilados dientes. — ¿En qué puedo ayudarte? Espero que no hayas venido a interrumpir mis negocios, sería una pena que–
Se detuvo al reparar en otra figura que acompañaba al chico y que le resultó muchísimo más interesante. Sus ojos escarlata brillaron de avaricia al comprobar que se trataba de un brujo y miró de nuevo al chico, con renovado interés, si sus cálculos no le fallaban sabía qué le había traido allí realmente.
— ¿Has venido a hacer un trato? Siempre hay alguna oveja negra entre vosotros, ¿no es así? Nefilim corruptos. Te interesará saber que son mis favoritos. — Pronunció la sonrisa mirándole fijamente pero al ver que el chico seguía sin hacer gesto alguno, desistió y se giró hacia la otra figura observándole como si tuviera delante el mayor tesoro que jamás hubiese contemplado. — Sobre todo si traen consigo a un brujo entero. Tendrás una buena recompensa por él, ya lo creo que sí.
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