Cuando notó la mirada del demonio puesta en él, Will notó como si se transportara cinco años atrás, a la biblioteca de su antigua casa de Gales, con los rasgados ojos color escarlata mirándole exactamente de la misma manera, con notable interés pero ocultando algo malicioso, y hablándole con aquella voz siseante y oscura mientras su hermana Ella yacía en el suelo.
«Todos los que te amen hallarán sólo la muerte. Su amor será su destrucción. Puede tardar un momento, puede tardar años, pero quien te mire con amor morirá por ello. Y comenzaré con ella.»
Como si le hubiesen traido de vuelta al presente de una fuerte sacudida, se sintió mareado a la par que desubicado, y no fue consciente de que el demonio tenía una idea totalmente equivocada de lo que él y Magnus estaban haciendo allí hasta que el brujo habló. En ese momento le invadió un sentimiento de ira que se reflejó en la forma en la que miró al demonio, aunque éste estaba demasiado pendiente de Magnus como para prestarle atención. Se le ocurrieron mil y una maneras de atacarle en aquel instante en que parecía tener la guardia baja, pero la vocecilla sensata que resonaba en algún rincón dentro suyo y que por alguna extraña razón le recordaba a Jem, le advirtió que fuese paciente. Respiró hondo y sin dejar de mirar al demonio, quien tras la respuesta de Magnus pasaba la mirada de uno a otro con una mezcla de confusión y desconfianza, le habló en un tono claro y firme pese a que no era así como se sentía por dentro.
— Como bien dice mi amigo, no estamos aquí para eso. Hemos venido para que deshagas algo que hiciste hace tiempo. — Se adelantó un par de pasos hasta quedar cara a cara con el demonio, aunque éste era mucho más bajo que Will. Su corazón continuaba bombeándole con fuerza pero se esforzó en mantener el tipo, y volvió a hablar con seguridad cuando notó por el gesto en el rostro de la criatura que no tenía idea de a lo que se refería. — Hace cinco años abrí una caja, una Pyxis, de la que tú saliste. Después de eso me atacaste, pero mi hermana te hizo retroceder con un cuchillo serafín. ¿Te refresca eso la memoria?
Will notó que su respiración se había acelerado y que sin darse cuenta se había acercado mucho al demonio, el cual le observaba fijamente con una expresión en aquellos ojos de lagarto que hizo que al chico le recorriera un escalofrío que le erizó los pelos de la nuca.
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