Will & Wymare

Francia 1997.
Will se encontraba en L'Arpege, uno de los diez restaurantes más caros del mundo, era algo que le volvía loco, la comida, la comida pero la comida cuanto más cara mejor, el lujo era algo que amaba y rodearse de ello era su día a día, no gracias al dinero que también tenía, si no por el hecho de ser uno de los brujos más famosos del mundo, obviamente para los que saben de ello.
Desde ese día notaba una pequeña sensación, como algo no iba exactamente bien pero no sabía adivinar el que exactamente. Se limitó a beber un sorbo de un buen vino francés mientras miraba hacia la ventana que da a una gran calle peatonal, muy transitada y alegre.
En ese momento le vio.
Vestía con una gabardina larga negra y una bufanda tapándole la boca, las manos las tenía en los bolsillos y tenía el pelo negro, el pelo negro como el carbón y la tez muy blanca. Era él, tenía que serlo, tenía que ser Alexander.
Will se levantó corriendo, sin dar tiempo a los camareros en darse cuenta que había desaparecido de allí, pero tampoco se preocupó, siguió al joven hasta que casi podía chocharse contra su espalda y en ese momento el chico se dió la vuelta, mirándole con ojos expectantes, con la boca tapada por su bufanda.
Justo en ese instante empezó a nevar.
Will notaba su corazón a mil por hora, analizando de arriba a abajo al joven, y confirmando más la teoría de que si era él, su marido, Alexander, quién había muerto en 1937 después de haber pasado toda su vida con él. Pero ahora estaba aquí, delante de él, o eso mismo creía Will.
El joven miró a ambos lados y luego miró al brujo de arriba a abajo, alzando los cejas.
- ¿Puedo ayudarle en algo? - comentó con acento escocés cerrado, no ayudando con ello a Will, dado que Alexander era escocés.
Will no podía respirar, se encontraba mareado y no entendía como estaba pasando. ¿Era realmente él.. sin haberle avisado..? ¿habría encontrado una solución? ¿vampiro?. Se agarró a la pared más cercana poniéndose una mano en el pecho y arrastrándose por la pared fue bajándose hasta quedarse sentado. Era Alexander tenía que serlo, pero no podía mirarle, muchas cosas estaban pasando por su cabeza en ese momento, notaba que todo le daba vueltas y cerró los ojos.
El chico frunció el ceño y se acercó a él, poniéndose de cuclillas a su lado.
- Sé que es normal para vosotros pero.... está algo amarillo.- comentó esbozando una pequeña sonrisa.- ¿Necesita que llame a la ambulancia?
Will cerró más fuerte los ojos, negando con la cabeza, intentando no pensar en nada, pero cuando el chico volvió a hablar todos los recuerdos con él le venían a la mente y notaba como se ahogaba.
Negó con la cabeza tragando saliva y le miró por un momento.
- ¿Alexander...?.- notaba que se le había quebrado la voz, pero eso no era lo único.
El joven frunció el ceño y apretó los labios negando con la cabeza.
- Debe de haberse confundido, mi nombre es Wymare.
Will cogió aire, sin responderle, sin dejar de mirarle a los ojos, a los mismos ojos que tenía su esposo, ¿Wymare? ¿cómo era eso posible?, eran idénticos y de diferentes épocas.. Will no podía pensar con claridad.
Wymare asintió lentamente y miró al suelo, es como si hubiera entendido y averiguado algo que Will había pasado por completo, se levantó poco a poco y con una pícara sonrisa en su rostro le tendió la mano para ayudarle a levantar.
- Tú y yo tenemos que hablar.