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you disloyal bastard ([info]carstairs) wrote,
@ 2012-05-22 16:31:00


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donovan reedallen
feliz ★ enfadado ★ triste ★ preocupado ★ asustado ★ celoso ★ enamorado ★ mejor amigo
borracho ★ ligón ★ pensativo ★ sexo ★ muerte ★ traicionado ★ primer flechazo ★ malicioso
llanto ★ conflicto ★ familia ★ divertido ★ deacon ★ damon ★ solara ★ jillian ★ nikolai

mejor amigo.
A Donovan le encantaba sentir el viento en su rostro y la sensación de libertad que experimentaba cada vez que montaba a Ventus. Todas las semanas escogían un día para cabalgar temprano hasta el acantilado de Keryâth, situado al este del Reino de la Luz. El muchacho había bajado del caballo al llegar a aquel lugar y se había sentado en una gran raíz cerca del borde del acantilado, como siempre acostumbraba a hacer, y Ventus le había seguido acomodándose también a su lado. Ambos solían pasar allí un rato contemplando el amplio paraje bajo sus pies con los montes Lydfhall al fondo, sintiendo la brisa en sus rostros, meditando en calma antes de que amaneciese. Donovan alzó la vista hacia Ventus y observó como el animal parecía concentrado en algo mientras mantenía la mirada fija en el paisaje frente a ellos.

— ¿Qué te parece esa chica nueva? — Preguntó a propósito para sacar al animal de sus pensamientos sin apartar sus curiosos ojos azules de él. — Es hermosa, ¿verdad?

Ventus se limitó a hacer un ligero movimiento con la cabeza que interpretó como un «no está mal» y esbozó una sonrisa mirando también al frente. Recordaba la primera vez que se habían conocido, cuando acababa de cumplir los dieciocho y, después de dos años como Guardián, se le permitía acompañar al rey en las misiones fuera del reino. Para ello, era necesario contar con un caballo propio y en aquel momento sólo había dos disponibles: Efiador y Ventus. El primero poseía un pelaje marrón oscuro y cabello negro, su aspecto era algo escuálido pero tenía buen porte y era dócil y leal. El segundo, un robusto ejemplar blanco de cabellos dorados, era conocido por su mal genio y rebeldía. Había pertenecido al reino de Ythar durante varias generaciones de Guardianes, y aunque muy pocos de ellos habían conseguido domarle, era el caballo más veloz de aquellas tierras. Donovan nunca tuvo dudas acerca de la elección: él quería a Ventus. El animal no se lo puso fácil al principio; trataba de morderle y retrocedía cada vez que se le acercaba, tanto, que la reina había insistido incluso en traerle un caballo de algún otro reino –consciente y resignada de que Donovan no estaba interesado en Efiador. Pero éste no se rindió.

Una noche se escabulló hasta el establo real y fue hacia donde estaba Ventus asegurándose de que no le viese, subiendo a las vigas de madera sobre su cuadra y lanzándose al lomo del caballo, desprovisto de montura o riendas. El animal relinchó furioso y se irguió sobre sus dos patas traseras intentando tirar al muchacho, quien se aferraba a su cuello también dispuesto a pelear por mantenerse sobre él. Ventus forcejeó durante unos minutos, pero al ver la insistencia del chico pareció calmarse y dio un relincho suave meneando la cabeza. Donovan dudó, pero finalmente se bajó de él deslizándose por su costado y se colocó frente al caballo para acariciarle el rostro con cuidado por si fuera a atacarle, pero Ventus no parecía tener intención de morderle esa vez. El muchacho ladeó una sonrisa cuando, en vez de eso, éste rozó la cabeza suavemente contra su pecho y supo que le estaba permitiendo montarle a partir de aquel momento. Comprendió entonces el por qué Ventus era diferente: no quería que fuese el jinete quien le escogiese, sino que él escogía a su jinete.

Y así había sido y seguía siendo después de cuatro años. Volvió la vista al caballo y le acarició el lomo, a lo que éste respondió rozando cariñosamente el morro contra su brazo. Ambos habían pasado por muchas experiencias juntos; Donovan estuvo con él en una difícil intervención donde los sabios sanaron una de sus patas delanteras que casi pierde debido a una gran herida en combate, mientras que el animal le salvó la vida al ser quien le encontró después de caer por un pequeño risco en mitad del caos de una batalla. Ventus se había convertido en más que su medio de transporte, era su mascota, su compañero, su mejor amigo. Obviamente no era el mismo vínculo que tenía con Damon y Deacon, pero Donovan sabía que tenía a alguien de confianza en el caballo, leal, con quien siempre podría contar y que nunca le fallaría.

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muerte.
Donovan desmontó del caballo y notó la tierra húmeda bajo sus botas, como éstas se hundían ligeramente en el barro debido a la lluvia y a la sangre que habían bañado aquellas tierras hacía apenas unas horas. A pesar de que eran tiempos de paz, siempre existían pequeños grupos rebeldes que se dedicaban a saquear poblados de los límites de cada reino e incluso a torturar y matar a sus habitantes, como advertencia de que la guerra estaba próxima. El rey Draven había partido de Ythar junto a sus tres guardianes hacia Neriêthel, el último poblado atacado, que se encontraba en los límites del Reino de la Luz. Debían evaluar los daños y pérdidas, así como buscar supervivientes, atender a los heridos, y encargarse de los cadáveres. Donovan había cruzado aquel poblado en varias ocasiones, cuando regresaba de alguna misión en el Reino Verde, ya que era un punto de conexión entre ambos. Pero en aquel momento no lucía ni por asomo a como lo recordaba. Las frondosas praderas cubiertas de vegetación se habían teñido de un color escarlata oscuro, el olor a naturaleza pura y fresca quedaba ahogado por el humo que cubría el ambiente y que dificultaba la respiración, incluso el cielo ya no era del azul radiante que estaba acostumbrado a admirar, ahora era gris y tenebroso.

El chico acarició el robusto cuello blanco de su caballo y le dio dos palmadas cariñosas, consciente de que el animal entendería que debía quedarse allí hasta que él regresase. De todos los caballos del reino, Ventus era con el que siempre había tenido una conexión especial; desde que le montara por primera vez cuando tenía 18 años, habían experimentado una confianza mutua que duraba hasta el día de hoy. El animal hizo un movimiento con la cabeza que agitó sus pelos dorados y relinchó suavemente a su dueño, a modo de hacerle saber que había entendido la orden. Donovan le dedicó una leve sonrisa y se giró para adentrarse en el poblado detrás del rey, junto a Deacon y Damon.

Aquella no era la primera vez que presenciaba hogares consumidos por el fuego o cadáveres desmembrados, pero ese dato no hacía que resultase más fácil ni llevadero. Durante los seis años de su servicio como Guardián de Ythar, había estado presente en varias batallas, sido testigo de muertes ajenas y de personas a las que conocía, quitado vidas con sus propias manos... Pero no era lo mismo contemplar los restos que dejaba una batalla a los de un poblado inocente después de haber sido saqueado y masacrado sin piedad. Caminó a través de los escombros y cuerpos inertes escudriñando cada rincón en busca de algún superviviente, y al pasar por una de las casas que aún quedaban en pie y mirar a través de la puerta que estaba abierta de par en par, notó una gran sacudida en el estómago.

En el suelo del interior de la vivienda yacían tres cadáveres. El primero, una mujer morena de rostro redondo y hermoso cuya cabeza estaba desprendida del resto del cuerpo, que a su vez presentaba un gran y profundo corte en el abdomen. En una de sus manos había un simple cuchillo de cocina, probablemente lo único que encontró para defenderse. A unos pocos metros detrás suyo había dos cuerpos más pequeños, el de un niño y una niña degollados. Ambos tenían un brazo extendido hacia el del otro como si en sus últimos segundos de vida hubiesen estado agarrados de la mano, apoyándose mutuamente para lo que estaba por venir. Donovan sintió un escalofrío recorriéndole la espalda y apretó los labios por la impotencia, tan fuerte, que enseguida notó el sabor amargo de la sangre en su boca. No sabía si era debido a que llevaba menos años ejerciendo de guardián que sus compañeros, pero esas situaciones siempre parecían abatirle en mayor medida que a Damon y Deacon. Se imaginó a aquella mujer preparando la comida a sus hijos, y de repente viéndose asaltada por hombres armados, pero aunque fueran superiores a ella en fuerza y tamaño, les plantase cara para defender a sus seres queridos. Aquel acto, a pesar de haber fallado, era totalmente honorable y valeroso, y se preguntó si cualquier persona sería capaz de sacar aquel valor necesario para proteger lo que amaban. ¿Él mismo lo haría llegado el momento, aún conociendo que no habría esperanza de sobrevivir?

— ¡Donovan! — La voz de Deacon le sacó de sus pensamientos y se giró hacia el muchacho rubio que había aparecido por uno de los laterales del exterior de la casa y le miraba expectante con brillantes ojos verdes. - Necesito que vengas, hemos encontrado a uno de los asaltantes con vida.

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