A Donovan le encantaba sentir el viento en su rostro y la sensación de libertad que experimentaba cada vez que montaba a
Ventus. Todas las semanas escogían un día para cabalgar temprano hasta el acantilado de Keryâth, situado al este del Reino de la Luz. El muchacho había bajado del caballo al llegar a aquel lugar y se había sentado en una gran raíz cerca del borde del acantilado, como siempre acostumbraba a hacer, y
Ventus le había seguido acomodándose también a su lado. Ambos solían pasar allí un rato contemplando el amplio paraje bajo sus pies con los montes Lydfhall al fondo, sintiendo la brisa en sus rostros, meditando en calma antes de que amaneciese. Donovan alzó la vista hacia
Ventus y observó como el animal parecía concentrado en algo mientras mantenía la mirada fija en el paisaje frente a ellos.
— ¿Qué te parece esa chica nueva? — Preguntó a propósito para sacar al animal de sus pensamientos sin apartar sus curiosos ojos azules de él. — Es hermosa, ¿verdad?
Ventus se limitó a hacer un ligero movimiento con la cabeza que interpretó como un «no está mal» y esbozó una sonrisa mirando también al frente. Recordaba la primera vez que se habían conocido, cuando acababa de cumplir los dieciocho y, después de dos años como Guardián, se le permitía acompañar al rey en las misiones fuera del reino. Para ello, era necesario contar con un caballo propio y en aquel momento sólo había dos disponibles:
Efiador y
Ventus. El primero poseía un pelaje marrón oscuro y cabello negro, su aspecto era algo escuálido pero tenía buen porte y era dócil y leal. El segundo, un robusto ejemplar blanco de cabellos dorados, era conocido por su mal genio y rebeldía. Había pertenecido al reino de Ythar durante varias generaciones de Guardianes, y aunque muy pocos de ellos habían conseguido domarle, era el caballo más veloz de aquellas tierras. Donovan nunca tuvo dudas acerca de la elección: él quería a
Ventus. El animal no se lo puso fácil al principio; trataba de morderle y retrocedía cada vez que se le acercaba, tanto, que la reina había insistido incluso en traerle un caballo de algún otro reino –consciente y resignada de que Donovan no estaba interesado en
Efiador. Pero éste no se rindió.
Una noche se escabulló hasta el establo real y fue hacia donde estaba
Ventus asegurándose de que no le viese, subiendo a las vigas de madera sobre su cuadra y lanzándose al lomo del caballo, desprovisto de montura o riendas. El animal relinchó furioso y se irguió sobre sus dos patas traseras intentando tirar al muchacho, quien se aferraba a su cuello también dispuesto a pelear por mantenerse sobre él.
Ventus forcejeó durante unos minutos, pero al ver la insistencia del chico pareció calmarse y dio un relincho suave meneando la cabeza. Donovan dudó, pero finalmente se bajó de él deslizándose por su costado y se colocó frente al caballo para acariciarle el rostro con cuidado por si fuera a atacarle, pero
Ventus no parecía tener intención de morderle esa vez. El muchacho ladeó una sonrisa cuando, en vez de eso, éste rozó la cabeza suavemente contra su pecho y supo que le estaba permitiendo montarle a partir de aquel momento. Comprendió entonces el por qué
Ventus era diferente: no quería que fuese el jinete quien le escogiese, sino que él escogía a su jinete.
Y así había sido y seguía siendo después de cuatro años. Volvió la vista al caballo y le acarició el lomo, a lo que éste respondió rozando cariñosamente el morro contra su brazo. Ambos habían pasado por muchas experiencias juntos; Donovan estuvo con él en una difícil intervención donde los sabios sanaron una de sus patas delanteras que casi pierde debido a una gran herida en combate, mientras que el animal le salvó la vida al ser quien le encontró después de caer por un pequeño risco en mitad del caos de una batalla.
Ventus se había convertido en más que su medio de transporte, era su mascota, su compañero, su mejor amigo. Obviamente no era el mismo vínculo que tenía con Damon y Deacon, pero Donovan sabía que tenía a alguien de confianza en el caballo, leal, con quien siempre podría contar y que nunca le fallaría.
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