Nikolai's pov
Era el año 1761, me encontraba en Glasgow, Escocia, estaba cerca de mi hogar, Londres, donde había perdido todo lo que más quería, mi mujer, mis padres, mis hijos, estaba solo, solo excepto Sage, ella era mi mentora, ella era la que me ensañaba poco a poco a superar esa gran perdida, a vivir con ella y a disfrutar del ser vampiro. Pero yo hacía años que lo había dejado de disfrutar, por mucho que Sage me dijera que olvidara, que dejara
el interruptor apagado, que no me molestara en sentir, que era dañino, que no me interesaba sufrir ya, me era imposible, Johanna, la tenía siempre en mente.
Estaba en un portal, sentado, era una pequeña puerta roja con el número 68 en dorado, el 8 estaba más inclinado de lo normal y estaba algo más oxidado pareciendo que en cualquier momento caería el suelo. El suelo estaba mojado, había llovido hace unas horas y aunque hacía frío el cielo estaba despejado, en unas horas salía el sol y a eso estaba esperando, a que saliera.
<< Nada me retiene aquí, yo no pedí esto >> Apreté los labios mirándome los dedos, había vivido demasiado, había sufrido más de doscientos años ¿Quién coño querría una vida así?. Me levanté, el sol empezaba a salir a través de los edificios de enfrente, me quité el anillo y me puse donde podría darme directamente.
<< Ya está, todo pasará y volveré a estar con ellos >> De pronto sentí una sombra delante y mi boca se llenó de algo sabor metálico. sangre. me ardía la mejilla y sentí que alguien me empujaba hasta hacerme atravesar los cristales de la panadería que estaba al lado del portal 68. Abrí los ojos, me había clavado cristales por todo el cuerpo, por suerte aún la tienda no había abierto y estaba completamente oscura y vacía. Otro puñetazo me rompió la nariz. Era Sage.
- ¿¡ Se puede saber que coño haces!?.- exclamó incorporándose, nunca la había visto ponerse así.
- Sage yo..- no me dejó terminar.
- Me has decepcionado Nikolai, me has decepcionado, pensé que no eres uno de esos, que comprendías el don que te había dado, que volverías a realzarte, que volverías a ser un gran hombre como tenía fichado para tí.- comentó limpiándose el puño.
- No tengo ganas de vivir.
Sage se rió. Me levantó y agarrándome por el brazo me puso el anillo de nuevo, me llevó sacándome por la puerta y caminamos calle arriba sin decir nada, no me miraba, pero estaba enfadada.
Llegamos a una pequeña tienda, era una herrería, estaba ya abierta y había un señor gordote sentado en una silla de madera, con bigote grueso y cara de pocos amigos nos miró deseando saber que hacíamos tan temprano dos chicos jóvenes por ahí. Sage se adelantó dejándome atrás, pude huir pero no me moví, vi como Sage convulsionaba al hombre y como el cogía un hierro ardiendo y se acercaba a mi muy dispuesto. Miré con pánico a Sage pero ella solo levantó la cabeza orgullosa, esbozándome una pícara sonrisa.
El hombre me levantó la pata del pantálon y quemándome la pierna sentí un gran dolor cosa que hizo que soltara un gran chillido, al momento Sage ya estaba ahí tapándome la boca.
- Es por tu bien.- dijo ella.
El dolor seguía, era horrible para ser vampiro me escardaba un montón. Miré a abajo y vi que me estaba fundiendo junto a la piel un brazalete, un brazalete con una pequeña bola verde y una insignia, miré a Sage sin entender que estaba pasando.
- Está encantado por una bruja, es como el anillo, sólo que así.. no te lo podrás quitar.- comentó ella.
La miré aterrado, ¿por qué no podía morir tranquilo? ¿por qué me hacía esto? yo nunca le pedí que me transformase. Vi como el hombre se iba, pero en ese momento Sage le arrancó la yugular, lamiéndose los labios y saboreándolo durante un momento. Luego vino hacía mi, y dándome un beso apasionado me pasó la sangre del hombre que yacía muerto en el suelo, me miró a los ojos y sonriendo me puso las manos en los hombros.
- Empieza de nuevo tu adiestramiento, Nikolai Wesker.