Tenía a West delante, era la hora de comer y Natasha estaba duchándose, estos días siempre era ella la que le daba de comer y en mi vida había alimentado a un niño, simplemente a Bob, pero el tío comía de su plato en el suelo y por más que lo intentara West no parecía entenderlo.
- Así que... - comencé diciendo mientras le trituraba un platano.- ¿Todo bien?, ¿En clase?, ¿te molestó alguien?
- Gaga.- dijo West, señalando hacía lo que estaba haciendo.
- Ya, a mi tampoco me gusta su música.- dije haciéndome el fastidiado mientras terminaba de hacerlo puré.
West se me quedó mirando, metiéndose los dedos en la boca. Sonreí para mis adentros y acercándome hacía donde estaba sentado acerqué la cuchara con el puré de plátano a su boca, quién la abrió y chupeteó de un primero para luego tragárselo y relamerse.
- De Canarias amigo mío.- añadí alzando las cejas.
Volvió a comer otra cucharada mientras me miraba con sus pequeños ojitos brillantes, era tan pequeño e indefenso, la verdad es que se notaba que lo habíamos
adoptado, ya que no se parecía en nada a Natasha ni a mi, igualmente era precioso.
- Naa..- empezó a decir, parándome la tercera cucharada.
- ... Tasha!.- terminé, intentando que dijera el nombre de mi
mujer.
West negó con la cabeza, metiéndose de nuevo el puré en la boca y empezando a jugar con las manos miró a su alrededor. Fruncí el ceño mirándole, la verdad es que no sabía exactamente la edad a la cual empezaban a decir papá, mamá o variados, pero quería que su primera palabra fuera Natasha, eso o Pokémon.
- ¿Sabías que iban a subir en dos meses la luz?.- dije a West mientras le seguía dando de comer.- Al parecer los caminantes se sentían estafados.. supongo que esto es una especie de.. huelga, huelga zombil. También tienen derecho digo yo..
Paré de hablar, justo en ese momento West empezó a llorar, no sabía que hacer, miré el el puré y después a mi alrededor, y apretando los labios cogí al pequeño en mis brazos, intentando tranquilizarlo pero no cesaba, le acaricié la espaldita y le besé en el moflete, mirándole con una sincera y tierna sonrisa.
- No dejaré que te pase nada West, vas a estar bien.
Era raro en mi decir estas palabras, nunca me tomaba en serio nada o realmente si lo hacía, pero no lo demostraba, pero West hacía que todo lo que ocultaba, todo lo que sentía que no quería que nadie viese lo sacara a flote, por suerte el niño paró, y tocándome la cara con sus manos llenas de puré empezó a reír.
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